¿Dónde está el secreto?

Mirando en días pasados un video que me enviaron a mi correo acerca de Lizzie Velásquez, quien es considerada por muchos como la mujer más fea del mundo, me llamó la atención por un lado, su gran capacidad de aceptar la enfermedad que tiene desde que nació, la cual genera en ella una apariencia para muchos desagradable y por otro, la gran fuerza que tiene para sobreponerse no sólo a la enfermedad, sino a lo que significa verse como se ve.

Ella cuenta que en su primer día de escuela salió feliz con su maleta, la cual era mas grande que ella, a su primer día de clase. Cuando llegó al colegio, para sorpresa de ella, observó tímidamente cómo todos los niños comenzaron a mirarla como si fuera un monstruo, a rechazarla y a burlarse de ella. Sin entender lo que sucedía, muy triste y deprimida, regresó a donde su madre esa tarde, a preguntarle qué era lo que ella tenía diferente a los demás, y qué era lo que había hecho mal para ser maltratada así, ya que hasta ese momento, ella no sabía que su apariencia física era tan diferente a la de los demás. Sus padres, amorosamente le respondieron que lo único que ella tenía diferente era su diminuta estatura y extremada fragilidad. Ella durante mucho tiempo le suplicó a Dios que la cambiara por otra, que le sanara esa enfermedad que la hacía ver tan fea, rezaba ferviente y desesperadamente todas las noches para que eso cambiara y todos los días al despertar, tenía la esperanza de que esa enfermedad hubiera desaparecido. Lizzie, víctima permanente de matoneo por parte de sus compañeros de colegio, vivió durante un largo tiempo deprimida y angustiada, pero finalmente un día entendió que ésa era su única realidad y comprendió que Dios le había dado el poder para elegir el camino a seguir, y que en sus manos estaba la elección de optar por el camino del amor o por el camino del miedo. Gracias al apoyo incondicional de sus seres queridos, quienes nunca tuvieron lástima de ella, y quienes le enseñaron a cambiar y a mirar las cosas desde una manera diferente y con otra perspectiva, logró entender que la enfermedad y su apariencia física no era lo que la definía como persona. Actualmente esta niña tiene 24 años, es conferencista motivacional, acaba de terminar su carrera universitaria de comunicación en Texas, escribió un libro sobre su belleza, se especializó en inglés, está llena de alegría disfrutando sus sueños logrados y encontró el sentido a su vida: Ser mensajera de esperanza, y le da gracias a Dios y a su enfermedad porque le dieron la oportunidad de transmitir este mensaje inspirador a miles de personas.

Por eso, antes de escribir este artículo sobre la belleza, me senté a pensar y me pregunté: ¿Qué es lo que realmente hace que una persona que ha sido considerada como la más fea de la tierra, resplandezca y saque su belleza interior, inspirando a los demás en la alegría, en el amor y en la tenacidad para que conviertan sus sueños en realidad? ¿Y dónde está el secreto? Y definitivamente sigo afirmando, que el secreto está en la fuerza interior que cada uno de nosotros tiene, para convertir los problemas en oportunidades.

Por eso, para que brilles con luz propia y aflore toda tu belleza interior debes:

Entender que tu tienes el poder del libre albedrío para decidir lo que quieres para tu vida y eres el constructor de tu propio destino.

Agradecer y apreciar lo que tienes, no sufrir por lo que no tienes o por lo que puedas perder y dejar de compararte con los demás, porque allí encontrarás la raíz de tu sufrimiento.

Convertir las críticas y el rechazo de los demás, en los escalones y peldaños que te inspiren a luchar vehemente por tus sueños, no importando lo que digan de ti, sino lo que tu te dices a ti mismo y elegir con consciencia qué es lo que quieres hacer por tu vida.

Cambiar la forma de mirar las cosas, ya que cuando cambias la forma de mirar las cosas, las cosas cambian su forma.

Aprender a reírte de ti mismo, ya que en ese momento te desprendes del ego y dejas de lado el sufrimiento.

Dejar de lado las expectativas y disfrutar de la incertidumbre que te trae el día a día. Cuando disfrutas de la incertidumbre, la emoción y la alegría envuelven tu vida, porque deja de existir la expectativa y dejas que el flujo de la vida fluya alegremente en todo lo que haces.

Y recuerda… Nunca, nunca jamás dejes de soñar.
Un gran abrazote

Jaime Jaramillo “Papá Jaime“